Una vez más, ya estamos a domingo, con esa sensación tan extraña en el cuerpo despues de haber pasado la fiebre del sabado noche, la locura de la fiesta sin control, el deseo de que la noche no tenga fin.. Domingo. El principio del fin de ese descontrol tan placentero, que solo la noche del sabado nos hace alcanzar. Como tontos, nos pasamos esperando impacientemente a que pase de una vez la semana para que por fin llegue ese momento tan deseado, para que este, en cuestión de horas que parecen segundos, se esfume.. y consiga dejarnos una vez más con esa cara de tontos al no poder ni creer creernos que ya ha pasado, que se ha esfumado. Y una vez más, comienza la espera, la cuenta atrás. Domingo.
Por una razón o por otra, mis amigas y yo usamos el domingo como día depresivo. ¿Bipolares? quizás sea esa la palabra adecuada para describirnos. De un día a otro nuestro estado de ánimo cambia completamente de un estado a otro. Nuestras ganas de fiesta, de reír, de salir y de bailar sin parar, pasan a convertirse en una tarde triste y aburrida, viendo una película. ¿Objetivo de la película elegida? hacernos llorar. Más de una vez he pensado que somos masocas, cada vez que alguna hace la pregunta de; ¿Qué peli cojemos hoy?, la respuesta siempre es por mayoría absoluta; Cualquiera, pero que sea de llorar. Y ¿qué conseguimos con esto? la respuesta es fácil. Nada, absolutamente nada. Bueno.. en realidad si que conseguimos algo, darnos cuenta de que posiblemente nunca encontremos a ese chico que nos hace llorar por la forma tan especial en que trata a su chica, o ese amor que nunca acaba. En definitiva, conseguimos darnos cuenta de lo lejos que estamos de ese tan esperado príncipe azul, ya que hasta ahora.. todos nuestros príncipes han salido rana.
