Siempre nos ha gustado más llorar de noche, quizá porque generalmente solemos encontrar en la almohada toda esa confianza que ninguna otra persona nos ha conseguido hacer sentir, quizá porque la hora de dormir sea el momento en que mejor expresamos nuestros sentimientos o quizá simplemente sea por miedo a que los demás vean que no somos tan fuertes al ver esas lágrimas caer.
